O vacaciones. O reunión con amigos, familia, seres queridos.
Sea como fuere, le pongo el candado temporalmente al blog, ¡volveré después de las fiestas!
Así pues, retomo la "consulta" de psicología de los miércoles para el 11 de Enero.
Mientras tanto, sean felices, no olviden que la ansiedad es muy fácil de acumular si no hay ni un momento de paz, que si las cosas están revueltas en casa (o donde sea) no hay que olvidarse nunca hacer cosas con cierta frecuencia que nos permitan reír, divertirnos, desconectar :) Que todo no puede ser "darle vueltas" a la vida y todos los vasos se acaban llenando si no se vacían a veces.
He tomado nota de las peticiones y las llevaré a cabo lo mejor que pueda, que conste.
Un besito muy fuerte y feliz Navidad desde Canarias, que no hay nieve, ¡pero se está muy bien!
Bueno, en el post anterior hice una pequeña introducción al omnipresente triángulo de la dependencia que, como les conté, es la semilla y el mecanismo de los círculos viciosos de sufrimiento en las relaciones humanas.
Antes de entrar en materia, recomiendo a todo aquel que desee trabajarlo, que se lea primero la entrada anterior. No hay prisa. Esto es un proceso. Creo que es muy importante leerlo con calma y meditarlo, dedicarle varios días incluso solo a meditarlo, a pensar en las situaciones de nuestra vida que podemos relacionar con él. Poquito a poco. Esos son los deberes 1 de las "relaciones disfuncionales" (relaciones que producen más sufrimiento que cosas positivas).
Deberes 2(el asunto de este post): La práctica.
Empezamos retomándolo por el punto anterior: Consejos para cada personaje del triángulo. Así cada cual que se ha ido identificando con uno puede personalizarlos más :)
1. El salvador
No asumir responsabilidades ajenas: tú eres tú, los demás (por mucho que les quieras) son los demás. No les puedes obligar a seguir tus consejos.
Aprender a confiar en ellos: han de buscar sus propias soluciones a sus problemas. A lo mejor no las encuentran en seguida. Pero si recuerdas los momentos en tu vida en los que te has enfrentado a problemas nuevos, te darás cuenta de que eres quien eres hoy porque en su día los enfrentaste como una persona autónoma que no esperaba ayuda de fuera. "Cada persona ha de luchar sus propias batallas".
Aprender a dar apoyo sin tratar de resolvérselo tú(por tentador que sea): escuchar. Valorar las cosas buenas que han hecho ("has sido valiente al hacer eso", "eso está muy bien"). Y ya.
Asumir tus limitaciones. No puedes cargar con un peso tan grande (responsabilidades de varias personas). Tendrás que renunciar a poder con tanto. Buscar ayuda es bueno y normal. Seguro que hay quien, cuanto menos, te apoya. Seguro que hay algo que puedes posponer. Incluso puede que esas personas de tu entorno a las que sueles salvar "de sí mismos" te puedan ayudar si se lo pides y descubren lo que sientes y haces.
Tratar de no interceder en las discusiones ajenas. Corres el peligro de etiquetar (¡tu eres la víctima, necesitas que te defienda! y ¡tú eres malo/a!). Si te metes, que sea lo más neutral posible("no queremos discutir"), sin repartir papeles.
2. El agresor.
No culpabilizar. Otra vez: cada cual resuelve sus propios problemas. Si esa persona hace algo mal, es asunto suyo. No es tu función echárselo en cara, las consecuencias se encargarán de mostrarle el camino.
Y tú, resuelves los tuyos. No es culpa de los demás. Todos tenemos problemas, es una putada, pero es así. Si te sientes mal, notas que el cabreo te está cogiendo por dentro, respira hondo, haz otra cosa, sal, date un paseo.
Todos nos equivocamos. Tú también. Y yo vas a ser la excepción a la regla. Es más fácil pedir perdón una vez que enemistarse con la humanidad. Es difícil sí, pero hay recompensa.
No siempre somos la víctima. Cuesta creer que podemos hacer daño a alguien cuando estamos acostumbrado a ser los heridos. Pero sí que podemos. Y si hay alguien que se merece un "perdón" es alguien a quien hemos hecho llorar o ponerse muy nervioso.
Hablar a un volumen normal, en un tono calmado.Independientemente de como te sientas por dentro. De verdad que es más útil. No se escucha más a quien grita. De hecho, suele ser al revés. La otra persona se siente dolida y el mensaje pierde importancia, es más importante el peligro que percibimos y el lenguaje corporal que las palabras. Y esa persona está en su derecho de darte la espalda en el futuro si siente que le has hecho daño. Es supervivencia.
3. La víctima.
No todo es culpa tuya. En serio. Es probable que estés acostumbrada/o a sentirte mal. A veces sin saber por qué. Y aunque racionalmente sabes que no es culpa tuya te sientes igualmente profundamente culpable cuando te culpan (directamente o entre líneas). Tranquila/o, respira, desahógate con alguien de confianza cuando sientas que lo necesitas. Te mereces ese respiro, de verdad. Y eso no es debilidad.
Eres capaz de conseguir las cosas que deseas. De hacer esos cambios que deseas en tu vida, de tomar decisiones. Aunque te hayas acostumbrado a desechar ideas, pensamientos y proyectos, es una idea preconcebida. Es la inercia. Pero sí que puedes. Si te pones una pequeña meta y tratas de llevarla a cabo, te sentirás genial al ver que eres capaz. Y así poco a poco, cada vez más cosas. Descubrirás un mundo de posibilidades. Ganarás autoestima :) Ej: trabajar, hablar en público, apuntarte en cursos, estudiar/trabajar fuera, viajar... haz eso que deseas.
[Editado]Alguien que no te respeta no se merece las cosas buenas que eres capaz de hacer.
Consejillos generales: (¡para todos!)
Siempre valorar las cosas buenas que hacen los demás. Muy muy muy importante. La inercia nos hace no hacerlo, pero hay que hacerlo y, siempre, decirlo. Esto es un trabajo de fondo, se trata de cambiar cosas que se han hecho igual durante mucho tiempo, es difícil y que nos digan que lo hacemos bien nos da energía. Nos interesa que se repitan las cosas buenas que estamos aprendiendo. "Mira, esto está genial, has sido capaz." "Gracias por ayudarme". "Gracias por escucharme". "Me ha gustado hablar así contigo".
Si se implican todas las partes (o algunos) mucho mejor. Si no, no te estreses, es su decisión. El simple hecho de que tú sí lo hagas te hará bien. Cumplir con la parte que te corresponde te hará bien.
No darle cuerda y no prestar atención a quien hace las cosas mal. Lo mismo al revés: no nos interesa que se repitan las cosas malas(gritos, manipulación psicológica, chantajes). Respira hondo e ignora la provocación. Es difícil, te pondrás nervioso/a, no importa, no tiene por qué darse cuenta. Ignora la provocación. Es una manera de conseguir atención por parte de esa persona y si no hacemos esto se repetirá seguro. Si no consigue nada a cambio, no.
No culpabilizar en exceso. Las cosas se resuelven hablando, asumiendo el reto de hacerlo mejor, pidiendo perdón. Un problema, una solución. No tenemos por qué ir arrastrando por ahí una bola de acero ni señalando con el dedo constantemente.
No meterse en las discusiones ajenas.
Un confidente (o varios) para tí (para cada uno) siempre. Un confidente es: alguien que te escucha sin juzgarte y con quien sientes que te puedes expresar libremente. Que te hace sentir bien solo por ello.
Agresividad:
No reaccionar con ira y enfrentarse a alguien con ira. Se puede prolongar eternamente la discusión o pasar a mayores. No quieres coger nervios. También es difícil pero respira y sigue hablando con calma, tranquilidad y firmeza.
Si está siendo muy agresivo/a es recomendable que ambas personas (o al menos tú) estén cerca de una salida (puertas).
No muestres miedo (aunque lo sientas). Solo tú sabes que lo sientes.
Habla con esa persona cuando está tranquila. Cuando te habla así (tono desagradable o incluso gritando) no. Si es así como va a ser la conversación: ha terminado nada más empezar. Que hable contigo con calma, en otro tono de voz, cuando se le pase.
Todo esto para que no consiga algo a cambio de cabrearse contigo(atención, que hagas lo que quiere) pero tenga una manera de conseguirlo sin cabrearse.
Y volvemos a lo de pedir perdón(quien se enfadó) una vez termine el episodio. Si se pide perdón, ya está, no hace falta culpabilizar más allá. Lo dejamos atrás.
Plan B:tenemos limitaciones. Si ves que todo esto es demasiado, si tu salud e incluso tu vida están en peligro, esto no va a ser suficiente. Piensa en pedir ayuda.
****Los gritos son una cosa, la violencia física otra. Igualmente, tú pones el límite. Siempre puedes decir basta. No tienes que aguantar ni los gritos ni la violencia (si la hubiera). Plantéatelo. Existe el número de atención a la mujer maltratada donde te pueden informar sin consecuencias para que puedas decidir qué hacer ---> En toda España, 900 19 10 10. Si es una urgencia: 900 100 009 o el 112. Todos ellos son gratuitos y 24h.
****También en cuanto a tu estado de estrés, ansiedad, depresión: un psiquiatra o un psicólogo pueden hacer el sufrimiento más corto, el proceso menos duro. La mayoría de las personas tienen ansiedad o depresión en algún momento de su vida.
Tal vez se haya quedado algo atrás, he tratado de tocar los aspectos importantes (de todas formas ya es un montón por lo que empezar a trabajar). Si quieren saber más de algún tema, si tienen un interés especial, no duden en pedirlo en los comentarios :) Tampoco duden en compartir sus experiencias o aportar algo que crean que es importante.
Esto es un trabajo. Se trata de cambiar hábitos y eso siempre cuesta (¡como dejar de fumar!). Al principio conseguirán cosas y luego habrán momentos de recaída. Pero es importante la paciencia y seguir, si nos caemos es porque estamos tratando de levantarnos. El objetivo es no sufrir. Que esas relaciones dejen causarnos estrés (¡un motivo menos!). Y los hábitos nuevos adquiridos se mantendrán, aunque la transición sea difícil.
Así que mucho ánimo, mucha constancia y compartan esto con quien crean que le pueda resulta útil. Es su decisión cambiar las cosas, pero probablemente no sepan como hacerlo :) El primero paso siempre es informarse. Y alguien que sufra siempre puede tener interés, ese puede ser el punto por el que empezar, sin imponer, pero poniendo al alcance de su mano las herramientas para cuando quieran usarlas.
¡Un abrazo fuerte! ¡Sean felices!
(there will be an answer, let it be) (habrá una respuesta, déjalo estar)
Érase una vez las relaciones que nos hacen sufrir. Esas discusiones que se repiten una y otra vez, esa ansiedad que va y viene de la mano de la relación con esa persona (o con muchas). ¿Por qué me pasa esto siempre a mí? ¿Por qué atraigo a las personas que me hacen daño? Pueden ser algunas de las preguntas que van de la mano de las dinámicas del triángulo de la dependencia.
Es tremenda y terriblemente frecuente. En cualquier contexto: trabajo, amigos, pareja... Quizás lo que más marque a alguien que sufre por sus relaciones con los demás sea su infancia. Porque el origen clásico es la familia o también, la ausencia de ella. La primera infancia nos marca, es inevitable. Es cuando aprendemos la mayoría de nuestros patrones de relación con los demás, las maneras de decir y pedir las cosas, de obtener algo de otros, de conseguir cariño o admiración. Podemos aprender a relacionarnos siguiendo estos patrones viciados y disfuncionales. Pero no es culpa nuestra. Sólo éramos niños indefensos que querían que les quisieran... y sobrevivir.
La relación que se establece entre 2 o más personas se llama dinámica. El triángulo de la dependencia representa el origen de todas las dinámicas disfuncionales. Y todas las personas que se encuentran en sus vértices sufren. Y por lo tanto, hacen algo mal.
Agresor: es la persona que hace daño. Se caracteriza por no ser consciente de que lo hace, por su falta de remordimientos y por caer una y otra vez en el papel de agresor. Un agresor no tiene que ser alguien que agrede físicamente. Puede ser alguien que culpabiliza constantemente. Alguien que no valora a la otra persona y le dice que lo hace todo mal. O alguien que grita. Todos podemos serlo a veces, con personas concretas, aunque es uno de los roles que más cuesta identificar en uno mismo.
Víctima: el agresor y la víctima se necesitan mutuamente. Un agresor no pude serlo sin su víctima y la víctima tiende a encontrar a su agresor, porque le falta autoestima, y cree encontrarla en esa relación de culpa y búsqueda constante de aceptación externa. No sabe defenderse. Su gran error es creer con mucha facilidad que tiene la culpa de todo y permitir al agresor hacerle daño. ¿Por qué? Porque cree que se lo merece.
Salvador: en este triángulo aparece finalmente el salvador. Parece que el salvador no tiene ningún problema ¿verdad? Pues no. El salvador se equivoca mucho también. Y sufre mucho también. No piensa en sí mismo. Tiende a involucrarse en las discusiones "adjudicando papeles" sin darse cuenta: tú eres la víctima porque te defiendo de tu agresor. Carga con un peso que no le corresponde (cada cual ha de llevar el suyo). Le impide a la víctima adquirir su autonomía para defenderse. Porque adquiere lo que cree que es autoestima a través de lo que hace por los demás. Sin darse cuenta de que es egoísta, no les permite crecer. Sin permitirse crecer a sí mismo, porque cree que siempre tiene que dedicarse a resolver los problemas ajenos.
Estas son pinceladas muy básicas sobre el triángulo de la dependencia pero las más importantes. Si cualquiera de ustedes se identifica con esto (sufren con su pareja, familia, amigos, trabajo), es un buen punto de partida para plantearse: ¿quién soy? (y saber que tendemos a movernos de un vértice a otro según la persona con la que estamos y el contexto) Y si sabes quién eres: ¿qué debo cambiar? (¿demasiada culpa?¿arrogancia?¿complejo de superman?). Y así, poco a poco, empezar a deshacer el círculo vicioso.
Fuera del triángulo de la dependencia están las relaciones de igualdad. Que se caracterizan porque: en una relación de igualdad los dos aprenden. Es bidireccional. Nos hacen felices :) Y este debe ser el objetivo que no podemos perder de vista a la hora de trabajar con nosotros mismos.
Las relaciones disfuncionales nos hacen daño, muchísimo daño. Y la base de muchas depresiones y trastornos de ansiedad se puede encontrar aquí.
Porque la vida a veces es un poco como eso, una mezcla de hospital y vida personal, amigos, atracciones fatales, salir cuando puedes a tomarte una caña y volver a ver el lado brillante de la vida, aprender cosas en las prácticas y sentirte súper motivada y, otras veces, simplemente filosófica o algo triste/impactada porque hay realidades ajenas difíciles de digerir e incluso de manejar (¿qué le digo?¿cómo se lo digo?¿hago algo?¿qué hago?).
Sea como fuere, cuando pienso en estas cosas a la vez llego una y otra vez a la misma conclusión: pensamos demasiado. No me refiero al contexto del hospital/trabajo (porque claro, ahí hay que pensar) pero creo que me siguen. Nos preocupamos por tonterías, consideramos que nuestros problemas son cosas realmente muy poco importantes, pensamos mucho en el "análisis de consecuencias" de las cosas que hacemos en lugar de dejarnos llevar, ser un poquito "irresponsables" a veces y hacer lo que nos da la gana no está tan mal. Porque la vida, aunque lo perdamos de vista constantemente, es cortita.
Ahora he vuelto a prácticas (hace una semana) en urgencias. Me encanta. Eso sí. Una mezcla más o menos balanceada de enfermedades que necesitan atención inmediata, algunas cosas realmente urgentes y diferenciales amplios mezclados con algunas enfermedades nada urgentes y sencillitas de manejar. Y, la gran diferencia, que al ser urgencias te encuentras con el pico álgido de ansiedad y estrés que produce la enfermedad, el momento de angustia y dudas, que puedes aliviar (y que no deja de ser la función de urgencias: descartar/tratar patología urgente) y que te exigen tanto a nivel humano como profesional. No sé, me gusta, me gusta...
The Bright - Soundtrack
PD. claramente, esto es una reflexión personal :) hay personas que necesitan bajar un poco a la tierra para no echarlo todo por la borda, otras que necesitan lo contrario.