sábado, 18 de febrero de 2012

Los superpoderes





Más de una vez pienso que para ser médico hay que ser especial. Diferente. Y que cada uno de nosotros, sin darse cuenta, tiene un "superpoder" que le hace la profesión médica más fácil, una habilidad que de vez en cuando es especialmente útil y así, se conforma un equipo de superhéroes al más puro estilo de "X-men".

Por ejemplo, el sentido del humor. Pero con estilo, ¿eh? Esas personas que tienen una habilidad especial para hacer un chiste a tiempo, que le quite hierro al asunto y normalice la situación sin cruzar nunca la línea de la "falta de respeto". ¡Y eso no es fácil!

Otros, en cambio, tienen una mente súper ordenada y una paz interior inquietante y, cuando todo el mundo está corriendo, nervioso y flipando en colores, saben perfectamente lo que hay que hacer y no se dejan llevar. Y, con toda la naturalidad del mundo, te sueltan frases del tipo: "tú no te pongas nerviosa, no pasa nada, esto es lo que hay que hacer, pues lo haces a tu ritmo y ya está". El secreto de las situaciones de crisis/prisas/urgencia está, paradójicamente, en la calma.

A mí me dicen que transmito calma. No me doy mucha cuenta, pero si ellos, que son quienes lo sienten, lo dicen, debe ser cierto. Se me dan bien las personas ansiosas, las personas deprimidas y empatizar en general. Hoy me puse súper feliz porque un paciente al que conocí en diciembre y llevaba dos meses sin ver se acordaba de mí :) Y ayer, porque otra paciente a la que había hecho la historia el día anterior, se puso contenta cuando me vio. No hablamos mucho, solo una conversación corta sobre si le dolía más o menos y lo difícil que es dormir en el hospital... porque es el hospital. Y una simple mirada de "ya, es el hospital".

A veces pienso que estar ingresado es como ser un "pez fuera del agua". Todo el mundo hace cosas, muchas cosas. Te hacen muchas preguntas. Murmuran delante de tí. A veces se les va la pinza y sueltan dos o tres frases en lenguaje técnico y, por miedo, no se pregunta. Luego transcurren los días y un alta, que supuestamente iba a ser "pronto" se alarga. Empiezan las dudas. O se acerca la fecha de la cirugía, y empieza el miedo. Demasiado tiempo para pensar.

Creo que tener un poquito clara la situación de incertidumbre del paciente y que, al fin y al cabo, está fuera de su casa en un lugar extraño, es importante. Tener esos dos detalles en mente cambia la visión y la conversación. Un par de detalles de empatía alivian la ansiedad. Y, sobre todo, la sensación de soledad, de frío.

Y eso, que he vuelto a prácticas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Plasticidad neuronal


Plasticidad nos hace pensar en la plastilina, en algo que podemos coger y moldear, ir cambiando su forma según queramos. Pues la plasticidad neuronal es eso, la capacidad que tiene nuestro cerebro de "cambiar", de adaptarse al medio, de aprender cosas nuevas.

Este es uno de los campos más activos de investigación en neurología actualmente y, también, el "eslabón perdido" entre la neurología y la psicología y psiquiatría. Tanto es así, que le valió el premio Nobel a Eric Kandel en el año 2000.

Explica cómo, por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual puede funcionar. Que no somos "sólo" lo que somos ahora, que por los motivos adecuados y con ilusión, podemos aprender cosas nuevas que nos complementen y nos conviertan en personas más felices que puedan comprender cada vez mejor el mundo que les rodea y sus relaciones con los demás.

Las neuronas son células. Tienen un tamaño minúsculo, solo visibles al microscopio (al menos las del ser humano, las de los calamares llegan a tener 1 mm de diámetro). Pero lo que las hace tan especiales es que tienen muchos "brazos", llamados axones, que les permiten relacionarse unas con otras. Es aquí donde está la clave. Nuestra inteligencia y nuestra adaptación al mundo dependen de la gran "red neuronal" que hay en nuestro cerebro, de la complejidad de sus relaciones entre sí y no de la cantidad de neuronas. Y al aprender cosas nuevas ellas se relacionan más y mejor entre sí, haciendo la red más tupida.



De todo esto se desprenden algunas cosas curiosas:

  • La estimulación temprana en niños con retraso mental o algún problema en su desarrollo (entre 0-6 años) permite que su inteligencia aumente mucho y puedan integrarse de forma normal o casi normal.
  • Seguimos aprendiendo toda la vida, aunque el envejecimiento cerebral al final lo va haciendo más lento.
  • Podemos ser "lo que queramos ser". Es cuestión de motivación. Las ganas de aprender algo es lo que lo relacionará con la base, nuestra personalidad, convirtiéndonos en personas más ricas y complejas. Podemos convertir lo que nos hizo daño en la oportunidad de "ver más allá", permitiéndonos superar traumas y pérdidas a lo largo de la vida.
  • La actividad mental y física y las experiencias estimulantes e interesantes para nosotros protegen a nuestro cerebro del envejecimiento.
  • Según un estudio reciente que comparaba ancianos músicos con no-músicos, la música protege también frente al envejecimiento del cerebro y potencia la memoria y el lenguaje.

En fin, que la plasticidad neuronal explica la importancia de la rehabilitación en pacientes psiquiátricos, la educación en niños con problemas de aprendizaje y, muy importante, que podemos dar mucho más de nosotros mismos de lo que creemos. Se trata de no autolimitarnos ya que pensar que "es posible" nos abre la puerta a aprender mucho sobre nosotros y los demás, descubriendo un mundo más grande y estimulante.


"El estudio y, en general, la búsqueda de la verdad y la belleza conforman un área donde podemos seguir siendo niños toda la vida" (A. Einstein, 1979)


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De interés:

La música tiene impacto en el envejecimiento cerebral (picar)

Eric Kandel: el cerebro, la conciencia y la memoria (picar)


BSO: Primavera - Ludovico Einaudi


lunes, 6 de febrero de 2012

El arrepentimiento


A veces ocurre algo que te saca completamente de tu rutina. Que se clava dentro de tí, aunque no entiendas muy bien por qué, un mazazo que te redescubre la realidad: todo se acaba. Y todo se acabará.

De repente te das cuenta, de nuevo, de que la vida es corta, de que la muerte a veces llega sin avisar y de que vivimos en la inercia de nuestra burbuja ajenos a esas posibilidades tan duras que un día se materializarán.

En cualquier caso, no era eso lo que quería decir.

El arrepentimiento es un sentimiento que nos embarga en algún momento de nuestras vidas. Algunos de los más frecuentes son: no disfrutar de las personas a las que quería, no decirle a alguien que estaba enamorada, no haber estudiado cuando podía, no haber viajado... Sin embargo, lo cierto es que tomamos la que creemos que es la mejor decisión en el momento, con lo que sabemos, y el arrepentimiento llega más tarde.

Así pues, si quieres cambiar algo, cámbialo, con lo que puedas hacer. Si ya no puedes cambiar nada, no te castigues, que sigues aquí y ahora, en este presente, con lo que te pueda aportar.

Disfruten de las personas a las que quieren, de sus momentos de ocio y las pequeñas "locuras" que la culpa, el sentimiento de deber, el orgullo... muchas veces no merecen tanto la pena como nos parece en el momento en el que toman el volante de nuestras vidas.


Jorge Drexler - Polvo de estrellas



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(Toda victoria es nada, toda vida es sagrada. No dejaremos huella, sólo polvo de estrellas...)

miércoles, 1 de febrero de 2012

MIR 2012. Pregunta 131 (psicología)

Aunque no soy resi ni adjunta (el examen me toca el año que viene, si todo va bien), teniendo en cuenta que mis neuronas y mi tiempo no dan mucho de sí (¡última semana de exámenes!) y la "polémica" suscitada este año por la pregunta número 131 del MIR, procedo a resolverla, como otros tantos han hecho cada cual en su campo.


Vayamos a la pregunta que arrancó más de una sonrisa a mitad del examen del pasado domingo (¡es que es muuuy inesperada!):


131. Una paciente de 53 años a la que hemos atendido por un dolor de rodilla -orientado como artrosis- entra a la consulta de forma brusca y de pie y en tono áspero exclama: "¡Estoy enfadado con usted! ¡Hay que ver! ¡lo que me dio no me ha hecho nada, estoy en un grito!". La mejor intervención nuestra es:

1. Haga el favor de salir y volver a entrar de una manera educada.
2. Tome asiento y veré qué puedo hacer por usted.
3. Esta medicación que le di es la mejor y más segura para la artrosis de rodilla.
4. No sabe como lo siento, a veces ocurre, lo lamento de veras.
5. Yo también estoy enfadado con usted por la forma en que me chilla, si me habla como persona seguro que nos entendemos.


A simple vista, hay multitud de opiniones sobre la reacción más válida y parece más ambiguo que otra cosa, ¿verdad? Pues no lo es tanto (otra cosa es la formación que tenemos realmente en cada facultad en cuanto a psicología... ejem!):

1: Esta no es. Las personas cuando somos presa de emociones muy intensas (como la ira en este caso) nos cerramos y no somos capaces de razonar.

2: Esta es la correcta. Para más información ver en enlace que está al final del post en el apartado "el paciente agresivo".

Es una situación que despierta emociones intensas en nosotros (miedo, falta de autoestima, más agresividad por nuestra parte, las horas de guardia que arrastramos a nuestras espaldas... ) ya que que alguien venga gritándote es desagradable de por sí y nos sentimos agredidos.

Sin embargo, si reaccionamos con intensidad se convierte también en "nuestro problema" (con lo cual ya hemos metido la pata). Al sentarse, hablar de lo que siente y no poder usar lo que decimos en nuestra contra, su agresividad disminuirá de forma natural. Fisiológicamente las emociones intensas se liberan en una descarga pero luego tienden a disminuir, cediendo el paso a emociones más neutrales o incluso positivas. Es aquí cuando podremos hacer algo y trabajar la situación.

3: No es porque, una vez más, está cabreado y no razonará. Su dolor es suyo y él sabe que eso no le funciona. Sentirá que le mentimos y no le escuchamos.

4: Tampoco. Porque como vimos en el "triángulo de la dependencia" esto implica adoptar el rol de "víctima" y permitirle hacernos daño (sintiéndonos infinitamente peor). Tampoco sirve para resolver la situación de forma favorable para ambos.

5: No. Nos estamos implicando al responder emocionalmente ("yo también estoy enfadado"). Se puede desencadenar una discusión más fuerte que termine con un paciente que se va cabreado con el sistema sanitario en general y nosotros en concreto (además de los nervios que nos llevamos "de regalo").

En esencia, todo se resume en: no tomar ningún bando, no implicarnos emocionalmente y tratar de evaluar la reacción del paciente desde una perspectiva más "analítica", desde fuera, lo cual disminuirá la carga de ansiedad que tiende a "contagiarnos". Al final se trata de resolver la situación lo mejor posible por ambas partes sin permitir, tampoco, que nos haga entrar en el rol de víctima, dejando que "la naturaleza siga su curso", reservando los razonamientos y la resolución de la situación para cuando se encuentre más calmado, una vez se haya desahogado. Y, aunque sea la resolución de una pregunta MIR, creo que son pequeños consejos que nos pueden ahorrar muchísima ansiedad en el día a día en la consulta en un futuro (y también, denuncias y todo tipo de conflictos). Se trata de ser prácticos.


De forma esquemática y por orden cronológico, lo que se desprende es esto.

Miniguía. Paciente agresivo.

1. Analiza su reacción. Sirve para verlo de una manera algo más fría que nos "distrae" de nuestras emociones, disminuyendo la ansiedad.

2. Analiza tus emociones y admítelas honestamente para tí mismo, sin culparte. Por ej: "vale, siento miedo", "estoy enfadada"... Sirve para asumir el control. Ya sabes cómo estás tú y cómo está esa persona y más o menos intuyes por qué. Tienes un pequeño mapa de la situación que te permite mantener tu centro (¡la ansiedad es contagiosa!).

3. Recuerda tu objetivo: que todo se resuelva bien, que no me ponga nervioso/a.

4. Y la actitud: mirar por el bien del paciente y mostrar buena disposición.

5. Invitarle a sentarse (y en general conseguir que se siente). Sirve para que empiece a relajarse, para que sienta que quieres escucharle, y empezar a llevar las cosas por buen camino. En este punto no hace falta hacer nada, solo dejarle explicarse (y sobre todo, desahogarse) y mostrar empatía.

6. Resolución. En algún momento, después de todo esto, cambiará su tono de voz y se mostrará más relajado. Puede que incluso positivo. Aquí ya podemos empezar a hablar con más calma y resolver sus dudas.

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Nota: claramente, parto de la base de la situación de agresividad en cuanto a culpar y gritar. Si peligra la integridad física del profesional, las vías son otras (avisar a seguridad).


Para más información: El paciente difícil: quién es y cómo manejarlo. (picar) Más extenso, toca más temas y matices, ¡súper recomendado!.

1 El MIR, para quien no lo sepa, es el examen que hacemos todos los que queremos acceder a una especialidad médica. Es una oposición fuerte en la que entran contenidos de toda la carrera que, por otro lado, nos permitirá tener un trabajo estable durante 4-5 años, con un sueldo menor (y cada vez menor) y, finalmente, el título de "especialista" en la especialidad que hayamos escogido (lo cual se hará en función de la nota, así que también hay cierto componente de competición).