Sin Palabras en el Tintero

sábado 18 de febrero de 2012

Los superpoderes





Más de una vez pienso que para ser médico hay que ser especial. Diferente. Y que cada uno de nosotros, sin darse cuenta, tiene un "superpoder" que le hace la profesión médica más fácil, una habilidad que de vez en cuando es especialmente útil y así, se conforma un equipo de superhéroes al más puro estilo de "X-men".

Por ejemplo, el sentido del humor. Pero con estilo, ¿eh? Esas personas que tienen una habilidad especial para hacer un chiste a tiempo, que le quite hierro al asunto y normalice la situación sin cruzar nunca la línea de la "falta de respeto". ¡Y eso no es fácil!

Otros, en cambio, tienen una mente súper ordenada y una paz interior inquietante y, cuando todo el mundo está corriendo, nervioso y flipando en colores, saben perfectamente lo que hay que hacer y no se dejan llevar. Y, con toda la naturalidad del mundo, te sueltan frases del tipo: "tú no te pongas nerviosa, no pasa nada, esto es lo que hay que hacer, pues lo haces a tu ritmo y ya está". El secreto de las situaciones de crisis/prisas/urgencia está, paradójicamente, en la calma.

A mí me dicen que transmito calma. No me doy mucha cuenta, pero si ellos, que son quienes lo sienten, lo dicen, debe ser cierto. Se me dan bien las personas ansiosas, las personas deprimidas y empatizar en general. Hoy me puse súper feliz porque un paciente al que conocí en diciembre y llevaba dos meses sin ver se acordaba de mí :) Y ayer, porque otra paciente a la que había hecho la historia el día anterior, se puso contenta cuando me vio. No hablamos mucho, solo una conversación corta sobre si le dolía más o menos y lo difícil que es dormir en el hospital... porque es el hospital. Y una simple mirada de "ya, es el hospital".

A veces pienso que estar ingresado es como ser un "pez fuera del agua". Todo el mundo hace cosas, muchas cosas. Te hacen muchas preguntas. Murmuran delante de tí. A veces se les va la pinza y sueltan dos o tres frases en lenguaje técnico y, por miedo, no se pregunta. Luego transcurren los días y un alta, que supuestamente iba a ser "pronto" se alarga. Empiezan las dudas. O se acerca la fecha de la cirugía, y empieza el miedo. Demasiado tiempo para pensar.

Creo que tener un poquito clara la situación de incertidumbre del paciente y que, al fin y al cabo, está fuera de su casa en un lugar extraño, es importante. Tener esos dos detalles en mente cambia la visión y la conversación. Un par de detalles de empatía alivian la ansiedad. Y, sobre todo, la sensación de soledad, de frío.

Y eso, que he vuelto a prácticas.

miércoles 15 de febrero de 2012

Plasticidad neuronal


Plasticidad nos hace pensar en la plastilina, en algo que podemos coger y moldear, ir cambiando su forma según queramos. Pues la plasticidad neuronal es eso, la capacidad que tiene nuestro cerebro de "cambiar", de adaptarse al medio, de aprender cosas nuevas.

Este es uno de los campos más activos de investigación en neurología actualmente y, también, el "eslabón perdido" entre la neurología y la psicología y psiquiatría. Tanto es así, que le valió el premio Nobel a Eric Kandel en el año 2000.

Explica cómo, por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual puede funcionar. Que no somos "sólo" lo que somos ahora, que por los motivos adecuados y con ilusión, podemos aprender cosas nuevas que nos complementen y nos conviertan en personas más felices que puedan comprender cada vez mejor el mundo que les rodea y sus relaciones con los demás.

Las neuronas son células. Tienen un tamaño minúsculo, solo visibles al microscopio (al menos las del ser humano, las de los calamares llegan a tener 1 mm de diámetro). Pero lo que las hace tan especiales es que tienen muchos "brazos", llamados axones, que les permiten relacionarse unas con otras. Es aquí donde está la clave. Nuestra inteligencia y nuestra adaptación al mundo dependen de la gran "red neuronal" que hay en nuestro cerebro, de la complejidad de sus relaciones entre sí y no de la cantidad de neuronas. Y al aprender cosas nuevas ellas se relacionan más y mejor entre sí, haciendo la red más tupida.



De todo esto se desprenden algunas cosas curiosas:

  • La estimulación temprana en niños con retraso mental o algún problema en su desarrollo (entre 0-6 años) permite que su inteligencia aumente mucho y puedan integrarse de forma normal o casi normal.
  • Seguimos aprendiendo toda la vida, aunque el envejecimiento cerebral al final lo va haciendo más lento.
  • Podemos ser "lo que queramos ser". Es cuestión de motivación. Las ganas de aprender algo es lo que lo relacionará con la base, nuestra personalidad, convirtiéndonos en personas más ricas y complejas. Podemos convertir lo que nos hizo daño en la oportunidad de "ver más allá", permitiéndonos superar traumas y pérdidas a lo largo de la vida.
  • La actividad mental y física y las experiencias estimulantes e interesantes para nosotros protegen a nuestro cerebro del envejecimiento.
  • Según un estudio reciente que comparaba ancianos músicos con no-músicos, la música protege también frente al envejecimiento del cerebro y potencia la memoria y el lenguaje.

En fin, que la plasticidad neuronal explica la importancia de la rehabilitación en pacientes psiquiátricos, la educación en niños con problemas de aprendizaje y, muy importante, que podemos dar mucho más de nosotros mismos de lo que creemos. Se trata de no autolimitarnos ya que pensar que "es posible" nos abre la puerta a aprender mucho sobre nosotros y los demás, descubriendo un mundo más grande y estimulante.


"El estudio y, en general, la búsqueda de la verdad y la belleza conforman un área donde podemos seguir siendo niños toda la vida" (A. Einstein, 1979)


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De interés:

La música tiene impacto en el envejecimiento cerebral (picar)

Eric Kandel: el cerebro, la conciencia y la memoria (picar)


BSO: Primavera - Ludovico Einaudi


lunes 6 de febrero de 2012

El arrepentimiento


A veces ocurre algo que te saca completamente de tu rutina. Que se clava dentro de tí, aunque no entiendas muy bien por qué, un mazazo que te redescubre la realidad: todo se acaba. Y todo se acabará.

De repente te das cuenta, de nuevo, de que la vida es corta, de que la muerte a veces llega sin avisar y de que vivimos en la inercia de nuestra burbuja ajenos a esas posibilidades tan duras que un día se materializarán.

En cualquier caso, no era eso lo que quería decir.

El arrepentimiento es un sentimiento que nos embarga en algún momento de nuestras vidas. Algunos de los más frecuentes son: no disfrutar de las personas a las que quería, no decirle a alguien que estaba enamorada, no haber estudiado cuando podía, no haber viajado... Sin embargo, lo cierto es que tomamos la que creemos que es la mejor decisión en el momento, con lo que sabemos, y el arrepentimiento llega más tarde.

Así pues, si quieres cambiar algo, cámbialo, con lo que puedas hacer. Si ya no puedes cambiar nada, no te castigues, que sigues aquí y ahora, en este presente, con lo que te pueda aportar.

Disfruten de las personas a las que quieren, de sus momentos de ocio y las pequeñas "locuras" que la culpa, el sentimiento de deber, el orgullo... muchas veces no merecen tanto la pena como nos parece en el momento en el que toman el volante de nuestras vidas.


Jorge Drexler - Polvo de estrellas



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(Toda victoria es nada, toda vida es sagrada. No dejaremos huella, sólo polvo de estrellas...)

miércoles 1 de febrero de 2012

MIR 2012. Pregunta 131 (psicología)

Aunque no soy resi ni adjunta (el examen me toca el año que viene, si todo va bien), teniendo en cuenta que mis neuronas y mi tiempo no dan mucho de sí (¡última semana de exámenes!) y la "polémica" suscitada este año por la pregunta número 131 del MIR, procedo a resolverla, como otros tantos han hecho cada cual en su campo.


Vayamos a la pregunta que arrancó más de una sonrisa a mitad del examen del pasado domingo (¡es que es muuuy inesperada!):


131. Una paciente de 53 años a la que hemos atendido por un dolor de rodilla -orientado como artrosis- entra a la consulta de forma brusca y de pie y en tono áspero exclama: "¡Estoy enfadado con usted! ¡Hay que ver! ¡lo que me dio no me ha hecho nada, estoy en un grito!". La mejor intervención nuestra es:

1. Haga el favor de salir y volver a entrar de una manera educada.
2. Tome asiento y veré qué puedo hacer por usted.
3. Esta medicación que le di es la mejor y más segura para la artrosis de rodilla.
4. No sabe como lo siento, a veces ocurre, lo lamento de veras.
5. Yo también estoy enfadado con usted por la forma en que me chilla, si me habla como persona seguro que nos entendemos.


A simple vista, hay multitud de opiniones sobre la reacción más válida y parece más ambiguo que otra cosa, ¿verdad? Pues no lo es tanto (otra cosa es la formación que tenemos realmente en cada facultad en cuanto a psicología... ejem!):

1: Esta no es. Las personas cuando somos presa de emociones muy intensas (como la ira en este caso) nos cerramos y no somos capaces de razonar.

2: Esta es la correcta. Para más información ver en enlace que está al final del post en el apartado "el paciente agresivo".

Es una situación que despierta emociones intensas en nosotros (miedo, falta de autoestima, más agresividad por nuestra parte, las horas de guardia que arrastramos a nuestras espaldas... ) ya que que alguien venga gritándote es desagradable de por sí y nos sentimos agredidos.

Sin embargo, si reaccionamos con intensidad se convierte también en "nuestro problema" (con lo cual ya hemos metido la pata). Al sentarse, hablar de lo que siente y no poder usar lo que decimos en nuestra contra, su agresividad disminuirá de forma natural. Fisiológicamente las emociones intensas se liberan en una descarga pero luego tienden a disminuir, cediendo el paso a emociones más neutrales o incluso positivas. Es aquí cuando podremos hacer algo y trabajar la situación.

3: No es porque, una vez más, está cabreado y no razonará. Su dolor es suyo y él sabe que eso no le funciona. Sentirá que le mentimos y no le escuchamos.

4: Tampoco. Porque como vimos en el "triángulo de la dependencia" esto implica adoptar el rol de "víctima" y permitirle hacernos daño (sintiéndonos infinitamente peor). Tampoco sirve para resolver la situación de forma favorable para ambos.

5: No. Nos estamos implicando al responder emocionalmente ("yo también estoy enfadado"). Se puede desencadenar una discusión más fuerte que termine con un paciente que se va cabreado con el sistema sanitario en general y nosotros en concreto (además de los nervios que nos llevamos "de regalo").

En esencia, todo se resume en: no tomar ningún bando, no implicarnos emocionalmente y tratar de evaluar la reacción del paciente desde una perspectiva más "analítica", desde fuera, lo cual disminuirá la carga de ansiedad que tiende a "contagiarnos". Al final se trata de resolver la situación lo mejor posible por ambas partes sin permitir, tampoco, que nos haga entrar en el rol de víctima, dejando que "la naturaleza siga su curso", reservando los razonamientos y la resolución de la situación para cuando se encuentre más calmado, una vez se haya desahogado. Y, aunque sea la resolución de una pregunta MIR, creo que son pequeños consejos que nos pueden ahorrar muchísima ansiedad en el día a día en la consulta en un futuro (y también, denuncias y todo tipo de conflictos). Se trata de ser prácticos.


De forma esquemática y por orden cronológico, lo que se desprende es esto.

Miniguía. Paciente agresivo.

1. Analiza su reacción. Sirve para verlo de una manera algo más fría que nos "distrae" de nuestras emociones, disminuyendo la ansiedad.

2. Analiza tus emociones y admítelas honestamente para tí mismo, sin culparte. Por ej: "vale, siento miedo", "estoy enfadada"... Sirve para asumir el control. Ya sabes cómo estás tú y cómo está esa persona y más o menos intuyes por qué. Tienes un pequeño mapa de la situación que te permite mantener tu centro (¡la ansiedad es contagiosa!).

3. Recuerda tu objetivo: que todo se resuelva bien, que no me ponga nervioso/a.

4. Y la actitud: mirar por el bien del paciente y mostrar buena disposición.

5. Invitarle a sentarse (y en general conseguir que se siente). Sirve para que empiece a relajarse, para que sienta que quieres escucharle, y empezar a llevar las cosas por buen camino. En este punto no hace falta hacer nada, solo dejarle explicarse (y sobre todo, desahogarse) y mostrar empatía.

6. Resolución. En algún momento, después de todo esto, cambiará su tono de voz y se mostrará más relajado. Puede que incluso positivo. Aquí ya podemos empezar a hablar con más calma y resolver sus dudas.

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Nota: claramente, parto de la base de la situación de agresividad en cuanto a culpar y gritar. Si peligra la integridad física del profesional, las vías son otras (avisar a seguridad).


Para más información: El paciente difícil: quién es y cómo manejarlo. (picar) Más extenso, toca más temas y matices, ¡súper recomendado!.

1 El MIR, para quien no lo sepa, es el examen que hacemos todos los que queremos acceder a una especialidad médica. Es una oposición fuerte en la que entran contenidos de toda la carrera que, por otro lado, nos permitirá tener un trabajo estable durante 4-5 años, con un sueldo menor (y cada vez menor) y, finalmente, el título de "especialista" en la especialidad que hayamos escogido (lo cual se hará en función de la nota, así que también hay cierto componente de competición).

martes 31 de enero de 2012

Tal día como hoy...


... hace 25 años, nació un pequeño ser de 2 kg y medio que resultaría ser yo.

miércoles 25 de enero de 2012

La timidez


"Rodéate de personas y cosas que te inspiren"

Es decir, que todos tenemos derecho a estar donde queremos estar, la cuestión es atreverse :) El mundo tiene mucho que ofrecernos y los miedos y la timidez son sólo un lastre más que se puede vencer por los motivos adecuados.

La timidez es uno de esos frenos que nos hacen desechar ideas prácticamente desde que nacen porque creemos que no nos merecemos ese intento, que "los demás" son mejores que nosotros o que nos van a juzgar duramente. Nos limita en nuestra vida social en mayor o menor grado de manera que no nos permite desarrollar todo nuestro potencial.

Pero primero, tenemos que hacer una distinción: no es lo mismo ser tímido que ser introvertido. Esta segunda palabra se refiere a las personas que, por su forma de ser, no necesitan rodearse de mucha gente, no sienten la necesidad de hablar en público con frecuencia o de entrar en detalles sobre su vida. Son personas a las que les basta con un círculo reducido de confianza. La timidez es cuando "quieres y no puedes", la introversión se refiere a "falta de interés", es un estilo y es válida. Mientras que la timidez produce sufrimiento y ansiedad.

Por otra parte, se puede decir que hay dos "estilos" en la timidez: los tímidos callados, retraídos (los que todos identificamos) y los "tímidos públicos" que se esfuerzan demasiado en llevar una vida social muy activa pero mientras sufren por ello en silencio y no hacen las cosas que realmente quieren hacer.

Y, finalmente, una tercera distinción: la timidez es muy frecuente y, como todo, hasta cierto punto se considera normal. La timidez patológica, sin embargo, es aquella que limita tanto la vida de esa persona que se convierte en un problema de verdad que condiciona por completo su vida y le produce un nivel de sufrimiento elevado.

Estos son algunos de los problemas que se derivan de la timidez patológica:

  • "Narcisismo: La persona se engaña a sí misma y a los demás disfrazando su timidez de seguridad absoluta. Se cree superior a los demás y, por lo tanto, se muestra arrogante y desprecia a sus semejantes. En el fondo, estas personas viven con la ansiedad constante de que se descubra el papel que están interpretando, además de ser rehuidos por los demás.

  • Trastornos de ansiedad: La persona tímida puede sentir tal incomodidad en algunas situaciones sociales que puede desarrollar un cuadro de ansiedad e incluso adquirir fobias relacionadas con esa situación. Por ejemplo, si un desconocido nos habla en un ascensor y eso nos pone extremadamente nerviosos, podemos relacionar nuestra ansiedad con el ambiente en el que estábamos y desarrollar un miedo a los ascensores, que después puede ir generalizándose a otros lugares cerrados.

  • Depresión: El progresivo aislamiento, la falta de contactos sociales de calidad y la desesperanza por no encontrar una solución a su problema pueden llevar a la persona a desarrollar una depresión. Además, los continuos pensamientos negativos y las críticas que la persona se dirige a sí misma irán minando su autoestima y robándole fuerzas para luchar y salir adelante.

  • Dependencia: Como la persona tímida evita relacionarse con nuevas personas, se encontrará excesivamente atada a las escasas personas en las que confía. Su miedo a perderlas y no ser capaz de encontrar nueva gente que le quiera y le acepte, hará que caiga en una situación de dependencia. Esto puede colocarlos en una situación en la que harán todo lo que la otra persona quiera y tolerarán cualquier comportamiento. Por otro lado, el continuo miedo a perder a esa persona hará que estén continuamente preocupados y se muestren posesivos y celosos en extremo."1

  • Abuso de alcohol. Drogas. A veces se convierten en "la solución" para huir de la ansiedad o aparentar mayor seguridad o ser más sociables. El hecho de que la solución esté en sustancias concretas y que el problema no se resuelva, genera una situación potencialmente peligrosa que puede derivar en alcoholismo y dependencia de drogas.


  • Sin embargo, no todo es malo respecto a la timidez. Las personas tímidas pueden ser más reflexivas, más conscientes de cómo se sienten los demás, buenos oyentes y menos conflictivos en la convivencia y a la hora de trabajar. Vamos, con un rico mundo interior.

    Lo importante de todo esto es, clasificaciones aparte, que la timidez es un problema desde que le hace daño a quien la vive. Entonces, como todo, se puede aprender pequeñas técnicas para irla superando y así, al mismo tiempo, ir dejando atrás la ansiedad que te provoca.

    Técnicas para superar la timidez.

    1. Conocerte a ti mismo. El primer paso es identificar qué situaciones concretas y qué tipos de personas te producen más ansiedad. Por otra parte, identificar también qué sientes exactamente (culpa, miedo, autorrechazo...). Este primer paso es importante porque te dará control sobre el problema y porque pueden haber causas más profundas que sea necesario trabajar aparte.

    2. Habla de ello. La mayoría de los tímidos se sienten mal por ser tímidos. Es un poco paradójico porque son ellos precisamente los que sufren y esa la causa, pero es así. Hablar de ello con gente de confianza, por el simple hecho de ponerle nombre y oírte a ti mismo, te ayuda a observar el problema desde fuera. Lo "separa de ti", se convierte en algo más objetivo y disminuye tu ansiedad. No se trata de que esa persona tenga que resolverte la vida ni nada por el estilo, solo de poder decirlo, y que te escuche, validando y compartiendo lo que sientes.

    3. Visualiza tu futuro en positivo. Cómo las cosas podrían salir bien o que es una posibilidad real que consigas hacer algo que te hace ilusión. Aferrarte a esa imagen positiva de tu futuro posible te acercará a ese resultado positivo y es una manera de inventar maneras de afrontar las cosas para que el resultado sea bueno. Se trata de crear tu propio "círculo vicioso" sólo que, esta vez, gira a tu favor.

    4. Plantéate retos pequeños cada día. Y a medida que los vayas superando y dejen de producirte ansiedad, ve subiendo el nivel, con retos cada vez más difíciles. Huir de una situación que te produce ansiedad crea en tu cabeza, sin que te des cuenta, la idea de que "esta es la única manera de superar esta situación". Concediéndole un nivel VIP en cuanto a situaciones que temer que no merece en absoluto. Ejemplos de retos: conocer gente nueva, saludar a alguien (o a un número concreto de personas al día), preguntar algo en voz alta, etc...

    5. Mis victorias. No olvides recordar todas tus pequeñas victorias. Son tu energía para tener cada vez menos miedos y, además, con lo que te costó cada pequeña batalla, qué menos que celebrarlas. ¡Te lo mereces!

    6. La motivación. Es muy importante que tu motivación para superar la timidez sea tu propia felicidad y no "que los demás no me digan/se den cuenta de que soy tímido". Por un lado, eres tú quien la sufre. Por otro, el planteamiento de hacer cosas "por los demás" es lo que te ha llevado hasta aquí, es el camino equivocado y te lleva a juzgarte más duramente.

    7. La ansiedad. Manejar la ansiedad te permitirá huir menos de las situaciones que te la producen y también, sentir un mayor control sobre lo que ocurre. Como por ejemplo, con ejercicios de respiración (picar), con meditación o ejercicio físico (salir a caminar un rato, hacer deporte) para eliminar ese exceso de energía.

    8. Habilidades sociales. Saludar, despedirse, pedir perdón, dar las gracias o interesarte por la otra persona son pequeñas cosas que te pueden ayudar mucho.

    9. El autoestima. Hacer cosas que quieres hacer (cantar, hablar en público, hacer un monólogo, actuar en una obra de teatro, "atreverte" en general a cosas que a ti te hagan ilusión) y tus pequeñas victorias te darán más autoestima porque descubres que "puedes". Pero también: no hablar mal de tí mismo, no insultarte, no dar por hecho que eres "inferior" es importante.

    "Rétate un poquito a tí mismo cada día"



    Mitos sobre la timidez

    "La timidez tiene que ser curada. Puede desaparecer del todo"

    Aquí hay que hacer un punto y aparte. Por un lado, no desaparecerá del todo, es parte de tu forma de ser. Hay personas más dirigidas a su mundo interior que no sienten la necesidad de ser el alma de la fiesta y eso no tiene que ser malo. Es tu forma de ser. Sin embargo, sí que se puede complementar si desarrollas tu lado extrovertido, dando un resultado más equilibrado que te produzca menos sufrimiento cotidiano. Por lo tanto, hay un doble trabajo: primero, aceptarte como eres. Y, segundo, aprender a no huir, a superar la ansiedad.

    Tampoco se trata de que tengan que estar en el "objetivo" de los psicólogos porque sí. Solo porque quieres y porque te hace sentir mal. Ese es el punto de partida. Hay tímidos que se aceptan así y, además, han logrado adaptarse a su vida con su propio estilo, de manera que no les supone un problema ni una fuente constante de sufrimiento.

    "Espabílate", "jajaja, es que Fulanito/a es tan tímido/a...", "¿qué pasa, que no sabes hablar?", etc...
    La gente que rodea a los tímidos (y que, a lo mejor, a su vez también lo son pero están en negación) a veces tiende a señalarles con el dedo o a forzarles para que dejen de serlo creyendo que esa es la manera de conseguirlo. Pero nada más lejos de la realidad. Estar en un grupo de gente que te tiene etiquetado refuerza el círculo vicioso para disminuir tu autoestima y que lo sigas siendo. Por otra parte, ser menos tímido y tener más autoestima es un trabajo personal que, desde luego, no se logra con este tipo de actitudes. Etiquetar, señalar y forzar les generan mucho más sufrimiento y culpa sobre "cómo deberían ser y no son", empeorando la situación.

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    Fuentes:


    1: La Timidez (picar). La verdad es que no he conseguido encontrar ninguna fuente que la supere, no porque no hayan más cosas escritas al respecto, sino porque es muy completa y de gran calidad. Desarrollada por psicólogos y orientada a todas sus vertientes (la timidez en los niños, fobia social, alcohol y drogas, tratamientos y timidez en los distintos contextos).

    Imágenes: "Stuff no one told me" (picar) una web de viñetas que me encanta con algunas frases muy buenas, muy útiles y ese tono alegre y desenfadado :)

    jueves 19 de enero de 2012

    Estrategias de afrontamiento (en la enfermedad)


    (este post está orientado hacia las enfermedades crónicas y el cáncer -no terminal-)

    A veces ocurren cosas inesperadas y que "nos vienen grandes", que parecen amenazar con hacernos perder el control y la cordura. Las estrategias de afrontamiento son esas herramientas que tenemos integradas en nuestra personalidad (aunque a lo mejor no somos conscientes de ello) y que salen a la luz cuando vivimos una situación desbordante de forma que hay varios estilos a la hora de enfrentarse a ella. Como por ejemplo la muerte de un ser querido, un divorcio, perder un trabajo en un momento delicado... o ser diagnosticados de una enfermedad crónica o cáncer.

    Estilos de afrontamiento
    De modo muy básico, se puede decir que hay dos grandes estilos:
    -Confrontativo: el que busca soluciones, se enfrenta al problema, trata de hacer cosas para cambiar la realidad que le estresa.
    -Evitativo: pasivo, trata de minimizar el daño, rehuir el problema.

    Aunque no todo es absoluto en esta vida, a largo plazo el estilo confrontativo es más útil, produce menos estrés tener el control del problema y poder hacer algo al respecto. El evitativo puede ser útil en situaciones muy puntuales pero no es el caso que nos ocupa.

    La enfermedad
    La enfermedad tiene aspectos particulares como suceso estresante: el miedo a la muerte, a como vaya a cambiar tu cuerpo (por el tratamiento, por una operación), a no ser capaz de llevar bien el tratamiento, no entender bien qué pasa y cómo es la enfermedad...

    Lo que ayuda en general a disminuir la ansiedad de la enfermedad es el control. Asumir esos nuevos retos que se te vienen encima, entender lo que ocurre y tomar parte activa en tu salud. Básicamente, "tomar las riendas" de un hecho que cambiará tu vida y tus rutinas.

    Pero esto no ocurre de la noche a la mañana, se podría dividir en tres fases:

    1. Reacción: el diagnóstico despierta muchos sentimientos. Puede parecer injusto y despertar ira, decepción, autocompasión, confusión, preocupación por el futuro... Sea como fuere, cada persona reaccionará diferente, pero todas las reacciones son normales. Se trata de una reacción intensa ante una situación que lo es. No merece la pena sentirse culpable (el enfermo) ni dramatizar (la familia), es el shock inicial, se pasará. Una vez se vayan calmando las aguas pasamos a la siguiente fase.
    2. Aprendizaje: cuando decide saber más, entender lo le ocurre.
    3. Control: es la fase de la acción, de adaptación al tratamiento y las herramientas que tiene para convivir con su enfermedad.


    Asumir el control. Adaptación.

    -Relativizar: recordar que no eres tu enfermedad, es sólo una parte de tu vida, aunque últimamente todo haya girado en torno a ella. Recordar que eres mucho más que eso, recordar tus hobbies y tus intereses, tus amistades, lo que te gusta hacer, los sitios a los que te gusta ir. Y recuperar eso en lo posible.

    -Ganar autonomía, ser activo en el cuidado de tu salud: en un primer encuentro con tu médico todo esto puede resultar abrumador. Un cambio y un montón de información de golpe que tal vez no has logrado asimilar. No te preocupes, es normal. Una buena manera de empezar a asumir el control es hacer preguntas. No temas parecer "tonto", la medicina no es sencilla, es mucha información y, además, te afecta directamente. Con calma, puedes escribir en un papel todo lo que te preocupa, lo que quieres preguntar y hacerlo en el siguiente encuentro (y así sucesivamente).

    -Reconoce tus sentimientos: identificar los síntomas de una depresión (dormir mucho, llorar mucho, no tener ganas de hacer nada, no sentir placer con nada) o la ansiedad (el nudo en la garganta, la sensación de "no poder con todo" o de que va a pasar algo horrible). Hablar con tu círculo de confianza, acudir a un psicoterapeuta o unirte a un grupo de apoyo para tu enfermedad son algunas de las cosas que puedes hacer para hacer frente a estas sensaciones.

    -Comprender las reacciones ajenas: a veces la familia se siente culpable de lo que pasa o enfadada por lo injusto de la situación. Pero la enfermedad no es culpa de nadie, ni son ellos quienes tienen que poder curarte y darle todas las respuestas. Aunque las emociones de los demás te parezcan una carga extra, explicar que solo necesitas que te apoyen y no que te curen, que escuchen lo que dices y te transmitan que te comprenden. Y si te abruman las reacciones en tu entorno, no olvides explicar como te sientes, ya que sólo tú lo sabes realmente.

    -"La gente": llevarlo en secreto no suele dar buen resultado, a veces tu cuerpo cambia por la enfermedad o la medicación y los demás no saben por qué. Para evitar rumores, bromas desagradables o incluso la sobreprotección o que te vean como a un enfermo en lugar de una persona más, es más sencillo explicar lo que te ocurre, de qué eres capaz y de qué no. Lo aceptarán mejor de lo que crees y te quitarás un peso de encima.

    -Continuar con tu vida cotidiana: se trata de integrar esa enfermedad como un aspecto más de tu vida, en tu día a día. Recuperar tu vida te ayudará a recuperar la sensación de normalidad.

    -Autoestima: cada enfermedad es distinta pero es cierto que en muchas de ellas el cuerpo puede cambiar: los hematomas si te pinchas, la palidez y la pérdida de pelo, perder peso (o ganarlo), etc... Todo ello puede hacerte sentir feo/a o peor que el resto. Quizá saberlo te ayude a anticiparte, saber que es algo de lo que no hay que avergonzarse, es la prueba de que te estás enfrentando a la enfermedad. Cuídate, arréglate, asume lo que puedes hacer y tus limitaciones.


    El círculo de apoyo. La familia.
    Es preferible tener apoyo o, al menos, saber pedir ayuda. Hay personas que, de forma natural, tienden a compartir sus preocupaciones con otros. O gente que sabe pedir, en un momento concreto, que les ayuden con algo (pequeños favores, cuidar de sus hijos los días que no puedan estar, ayuda económica, cosas útiles en general). Pero, no todos somos iguales y, para otras personas, este es el momento de aprender a pedir ayuda. A decir lo que sienten. Y darse cuenta de que no están solos.

    La familia se asusta. Es natural. Su ser querido está afrontando algo difícil y, además, ellos tienen miedo de perderle.

    La función de la familia (o su círculo más cercano), sin embargo, es dar apoyo. Escuchar, que su familiar sepa que "están ahí", incluso aportarle alegría. Pero, ¡cuidado!, el enfermo es él (o ella), no tú. Es su cuerpo el que sufrirá, es su dolor, es su vida la que cambiará (temporalmente o a largo plazo). Protegerle de su enfermedad, querer asumir tú el control de sus cuidados, guardar secretos sobre su enfermedad, no dejarle hablar directamente con los médicos y profesionales que le atiendan sólo le hará sentir que pierde el control. Tal vez te lo diga, que eso le hace sentir mal, o tal vez no. Pero esta situación solo le hará ganar en ansiedad: "me está pasando algo y además todo el mundo hace cosas pero yo no puedo". Es como ir en un coche que va muy rápido pero que te prohíben conducir. Da vértigo.

    Lo he conseguido.
    Una vez esa persona ha logrado adaptarse a esos grandes retos que le parecían imposibles al principio, manejando emociones muy intensas, el miedo enorme, el cambio, puede llegar el momento de relajarse y echar la vista atrás. Muchas personas que han atravesado todo este proceso coinciden en que, después de esto, han salido fortalecidos. Se han dado cuenta de que: son más fuertes de lo que creían ser, se conocen mejor y reconocen también sus limitaciones. Eso les ha hecho ver la vida de otra forma y dejar cosas (que no necesitaban) atrás.

    En este punto (en particular para las enfermedades crónicas) es importante hacer incapié en que, aunque sientas que ya llevas una vida normal y que todo está bien, lo estás gracias a que llevas a cabo el tratamiento. No quiere decir que puedas "dejarlo un poco" o prescindir de él de vez en cuando. Lo que te mantiene bien es hacerlo. En este punto puedes contarle a tu médico lo bien que te sientes y preguntarle si puedes hacer determinadas cosas que te gustaría hacer, pero eso, consultar primero.

    Por otra parte, a lo largo de la enfermedad, pueden haber momentos en los que te flaqueen las fuerzas. En los que te sientas muy cansado de todo. En este momento te puede ayudar encontrar un oído comprensivo o hacer cosas por otros, pero no ignores cómo te sientes. Si no te encontrarás peor y solo.

    Y para acabar, para los enfermos que hayan atravesado este túnel: ¡felicidades! Has sido muy valiente y llegar hasta aquí es la prueba de tu fortaleza.

    Espero sus dudas, matizaciones, comentarios y peticiones :)

    Nota: los hospitales, habitualmente, tienen en sus plantas psicólogos circulando por ahí para ayudar en estas situaciones y enseñarte pequeños trucos que lo hagan más llevadero.



    **Matices
    Los estilos de afrontamiento y las herramientas de afrontamiento son temas que han dado mucho de qué hablar en el terreno de la psicología. En esencia, todos coinciden en lo básico: el estilo confrontativo es más eficaz a largo plazo y ayuda a reducir la ansiedad y hay muchas pequeñas herramientas o "legos" psicológicos que ayudan. Pero hay multitud de clasificaciones y maneras de entenderlo, es difícil englobarlas todas en un post. El objetivo es dejar clara la base y que se entienda. Si quieren profundizar en el tema, hay mucho que leer ahí fuera y les animo a hacerlo :) Es muy interesante.

    Además, parto de la base de que hablamos de una persona adolescente o adulta, sin deficiencias mentales o demencia, y por ello se puede hacer cargo. Los niños, el síndrome de Down y otras formas de retraso mental o la demencia, son asuntos aparte y tendrán sus matices.

    PD: he tardado un poco más (sé que hoy no es miércoles xD) porque estoy de exámenes. Siento las molestias :)